Lo que realmente duele de cumplir 40 y nadie te dice
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Este fin de semana salí… y escuché algo que, sinceramente, escuchamos todo el tiempo la mayoría de las mujeres a partir de los 40… o cuando estamos por llegar.
Un chico me estaba presentando a otro y empezó a hablar de mí delante de él.
Ya sabes…
“estás muy bien”,
“mira qué guapa”,
“está guapísima”.
Y acto seguido dijo:
“Por cierto… ¿ya le dijiste tu edad?”
Ahí está.
Ese comentario que parece inofensivo… pero que en realidad lo cambia todo para nosotras.
Horas después, me lastimé la rodilla bailando. Nada grave. Pero tampoco fue casualidad. Ya venía de días de cansancio, de exigirme más de la cuenta, de no escuchar del todo a mi cuerpo.
Mi cuerpo ya me venía avisando. Pero claro… yo ya traía eso en la cabeza.
Ese:
👉 “¿ya le dijiste tu edad?”
Y cuando paré…
cuando la gente me dijo “siéntate, descansa”…
lo primero que me vino a la mente fue:
👉 “No te sientes.”
👉 “Van a pensar que estás vieja.”
O sea… no jodas.
Y me levanté.
No porque mi cuerpo pudiera. Sino por lo que pensé que los demás iban a pensar de mí. Y ahí fue cuando lo entendí todo. No es la edad lo que nos pesa. Es el estigma que cargamos encima. Y lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta en el momento.
Yo lo entendí al día siguiente… cuando ya me había lastimado.
Porque nos han hecho creer que a partir de los 40:
• ya no somos igual
• nuestro cuerpo falla
• nos rompemos más fácil
• tenemos que demostrar que seguimos siendo válidas
Y entonces, ¿qué hacemos? Nos exigimos más. Justo cuando más necesitamos escucharnos. Entramos en una etapa de madurez… pero la vivimos como si fuera fragilidad. Y la neta… es agotador. Porque no solo estamos sosteniendo nuestra vida… también estamos sosteniendo una pinche imagen. Y ni cuenta nos damos.
Pero hay algo que quiero decirte, y decírtelo claro: Tu cuerpo no se debilita por cumplir años, señorita. Tu cuerpo se resiente cuando llevas años desconectada de él. Cuando te exiges sin escucharte. Cuando normalizas el cansancio. Cuando reaccionas por lo que los demás piensan… en lugar de prevenir.
Porque sí… aquí hay algo mucho más profundo. Nos han enseñado a cuidar el cuerpo cuando ya duele. Cuando ya hay lesión. Cuando ya hay diagnóstico. Pero no antes.
No desde la consciencia.
No desde el respeto.
No desde el amor.
No desde la calma.
Y eso tiene que cambiar. Porque cuando empiezas a relacionarte con tu cuerpo desde otro lugar…
desde la escucha,
desde la prevención,
desde el movimiento con sentido…
tu cuerpo no se rompe.
Se vuelve más fuerte.
Más resistente.
Más estable.
Más tuyo.
Y ahí fue donde entendí algo que quiero que tú también entiendas: No es la edad lo que nos limita. Es el miedo a cómo van a mirarnos por tenerla. Y desde ahí… empezamos a traicionarnos. A no parar cuando el cuerpo lo pide. A no descansar cuando lo necesitamos.
A exigirnos más… solo para demostrar que seguimos siendo válidas.
Cuando dejas de moverte para demostrar… y empiezas a moverte para sostenerte… todo cambia. No estás aquí para demostrar nada. Estás aquí para volver a ti. Para habitar tu cuerpo… con fuerza, con autonomía y con calma.